viernes, 1 de marzo de 2013

¿QUÉ ES LA MAGDALENA?



Foto sacada de: "¡Viva el Viernes!"

       La gente que no es de Castellón no entiende la Magdalena. ¿Las fiestas patronales? Sí, claro. Y luego dicen que nos dedicamos a comer magdalenas durante toda la semana. Nada. Ni idea. Hay que vivir en Castellón para conocer bien lo que representan las fiestas de la Magdalena. Dejando a un lado el rollo jerárquico-social de las reinas, las damas, las madrinas, la Junta de Fiestas, las familias, las rencillas y las envidias (asuntos donde no voy a entrar, porque no me apetece, más que nada) lo cierto es que estas fiestas significan algo especial para todo aquel que ha crecido en esta bendita ciudad. Pero ¿por qué? ¿Cómo le explicaríais a un guiri que esto no es sólo fiesta y sangría, que es algo más? ¿Cómo le haríais entender lo que representan las fiestas de la Magdalena para que lo entendiera?
       La Magdalena es el olor a pólvora, es el estruendo de la mascletá bajo el sol de mediodía. Es la blusa, la boina y el pañuelo. Es el chato en el Mesón del Vino, es comer cacao, tramús y llonganissa seca con tus amigos de siempre. La Magdalena huele a tarde soleada de sábado, a cabalgata del Pregón, a tumulto, a petardos, carrozas, alegría y confeti. La Magdalena es la borrachera que no hace daño, la que hasta una madre ve con buenos ojos. Es el castillo de fuegos al anochecer, la verbena de la plaza, el cubata de garrafón de la colla y el cachondeo incesante. La Magdalena es el continuo desfile de gente, gente de todas las edades y condiciones, gente por todas partes, familiares, amigos, conocidos, amigos de amigos y amigos de conocidos. La Magdalena es la provincia entera concentrada en las calles de la capital, es no querer mear en la calle por vergüenza y terminar haciéndolo de todas formas. La Magdalena es no aparecer por casa, ver a tu madre como mucho media hora al día, comer un bocadillo por ahí y no saber qué cenarás, eso si al final cenas. Es acabar resopando churros (o desayunando, según se mire) a las seis de la mañana. La Magdalena es romería matutina, es motocarro engalanado, es la canya, la dolçaina y el tabalet. Es la extensa huerta de naranjos ante ti, es bocadillo de faves y bota de vino. Es el enésimo concierto de Mojinos, de Seguridad Social o de Camela. Es caerse de sueño y aún así seguir de fiesta. La Magdalena es, como se suele decir, Festa Plena. Es, en definitiva, una semana que no parece tener fin, que termina por pura inercia y que, aunque agradezcas su fin (por salud, más que nada) en el fondo la alargarías una semana más.
        Felices fiestas a todos.

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